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“Los triunfos pasan, pero el proceso se queda”

A los 17 años, a Jorge Carinao una barra de 110 kilos le cayó sobre la espalda en plena competencia. Le ocasionó una fractura de columna que lo dejó en silla de ruedas y, durante un tiempo, sin rumbo. “Mi mamá siempre dice que una barra casi me quitó la vida, pero otra me la devolvió”, cuenta hoy el campeón mundial de Para Powerlifting, con dos medallas de oro en los Juegos Parapanamericanos de 2015 y 2023.

Su última medalla fue en El Cairo, Egipto, donde se coronó campeón del mundo con un total de 547 kilos levantados. Con este camino recorrido, Carinao reflexiona sobre su pasado y los aprendizajes que ha tenido. Porque más allá del récord, lo que ha aprendido, dice, es a disfrutar del proceso. “El verdadero éxito está en el proceso, en ser constante y valorar la cotidianidad de la vida”, sostiene.

Su historia parte en Temuco. Tenía 13 años cuando comenzó a entrenar levantamiento de pesas. Desde un principio, cuenta, lo hizo sin mucho entusiasmo y solo para evitar las clases de educación física. Las pesas al principio no le gustaban. Recuerda que para él “era aburrido”, porque no tenía esa parte lúdica del deporte. “Además, tenía que ir los sábados”.

Sin embargo, todo cambió uno de esos sábados. Había decidido hablar con su entrenador para renunciar; llevaba semanas sin disfrutar el deporte y estaba seguro de que ese sería su último día en el gimnasio. Pero no alcanzó a decir una palabra. En medio del ajetreo previo a una actividad que él desconocía, su entrenador apenas lo escuchó y le ordenó que se apurara, que fuera a cambiarse porque la competencia estaba por comenzar.

No era un campeonato real. No había medallas, ni podios. Era una competencia simbólica entre quienes recién empezaban. Y, aun así, fue decisiva porque ganó ese día. Y en ese pequeño gesto, en ese logro silencioso y completamente suyo, encontró por primera vez el sentido de este deporte. La emoción, la pertenencia y la certeza de que podía conseguir algo por mérito propio.

“Por primera vez sentí que había logrado algo por mí, sin ayuda de nadie. Ese sentido de pertenencia fue lo que me enganchó”, recuerda.

Años más tarde, el accidente que tuvo a los 17 años marcaría un quiebre. “Me dolía no caminar, pero lo que más me dolía era haber perdido lo que me apasionaba”, dice. Pasó meses intentando adaptarse, entre la incredulidad y la rabia. “No hay vuelta atrás”, se repetía. Hasta que, luego de dos años, decidió volver a entrenar. No por ambición, sino por salud.

Su carrera en el Para Powerlifting

Su condición lo llevó a actuar. Se acercó a la Federación Paralímpica buscando jugar tenis, pero recuerda que el gerente, lo detuvo: “Tú no tienes que jugar tenis, tienes que levantar pesas”, le dijo. Y le propuso un desafío que cambió su rumbo de vida: clasificar a los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara 2011.

Carinao aceptó. Era, en el fondo, la posibilidad de retomar un sueño que venía desde su niñez, el de competir en los Juegos Panamericanos. Cuando finalmente logró clasificar, algo se encendió nuevamente. Volvió a sentirse como antes del accidente: la adrenalina previa, el nerviosismo, esas emociones difíciles de explicar, pero que se convierten en una fuerza interna, dice. Allí comprendió que competir seguía siendo lo suyo. Terminó en el sexto lugar y descubrió algo nuevo: el deporte paralímpico era de alto rendimiento.

Toronto 2015 fue su consagración. Ganó su primera medalla y mientras el himno sonaba, pensó en quienes le decían “todo pasa por algo” durante los días más oscuros. “Quizás ese ‘algo’ era esto”, reflexiona.

Desafíos y próximas metas

No todo ha sido triunfo. En Tokio 2020 vió la otra cara del deporte. Falló los tres intentos y quedó eliminado. Cuatro años de preparación se desvanecieron en segundos. “Fue la primera vez que pensé si realmente valía la pena todo esto”, confiesa. Durante semanas se preguntó si los sacrificios, las navidades sin familia, los meses de encierro en pandemia, los entrenamientos sin descanso, tenían sentido. “Pero después entendí que el resultado no es el fin. El fin es el proceso”, dice.

Desde entonces, vive el deporte con otra mirada. Ya no entrena solo por ganar, sino por aprender. “En el alto rendimiento todo tiene que ser perfecto: la alimentación, el sueño, la planificación. Sigo buscando mejorar, aplicando lo aprendido”, asegura.

A sus 34 años, Carinao entrena de lunes a sábado. Almuerza con su equipo, viaja con ellos, comparte la rutina diaria. Después de tantos años, se han convertido en una familia, y reconoce que ahí reside una forma profunda de éxito. “Poder vivir de algo que me apasiona desde los 13 años es un lujo”, dice. Y aunque las pesas siguen siendo el eje de su vida, el peso que más valora actualmente es otro, el de la constancia.

Sigue mirando hacía adelante, y preparándose para los siguientes juegos. Lima 2027 es una de las metas que tiene ahora: “El éxito para mí ya no está en una medalla, sino en no detenerse. En seguir avanzando. Los triunfos pasan, pero el proceso queda. Y eso, aunque suene cliché, uno lo aprende solo cuando lo pierde.”

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