Como presidente de Desafío Levantemos Chile, Nicolás Birrell está dedicado a potenciar el trabajo colaborativo de la fundación con otros actores de la sociedad civil. Y, aunque reconoce que no existe la perfección en los temas sociales, considera que el camino para buscarla es lo importante.
Cuando el abogado Nicolás Birrell dejó su cargo como director ejecutivo de la Fundación Desafío Levantemos Chile, había decidido dar un nuevo giro en su vida. No era el primero. Tras titularse en la Universidad Católica, entró directamente a trabajar al estudio Carey y Cía. y luego a SMU como abogado jefe de la fiscalía, pero junto a su esposa decidieron dejar todo para ir a vivir a Australia. Y, aunque allá estudió un máster en negocios internacionales y derecho, también comenzó a delinear otros rumbos para su futuro.
“Australia fue un punto de inflexión para ver cómo podía ejercer la carrera de distintas maneras, y me di cuenta de que el Derecho era una herramienta para poder desenvolverse en distintos ámbitos”, recuerda.
Al regresar a Chile, supo que estaban buscando a alguien para dirigir Desafío Levantemos Chile -la fundación creada por Felipe Cubillos para apoyar en la reconstrucción tras el terremoto de 2010-, y tomó la oportunidad. “Ese fue el minuto en que decidí dar el salto y fue la decisión que más ha cambiado mi vida, porque me mostró una manera de poder desarrollarme profesionalmente de una manera más integral, desde aspectos que me interesaban profundamente: temas sociales, de comunidades, temas políticos, de comunicación, negociación, marketing, de construcción, de diseño, temas financieros. Se me abrió un espectro muy amplio y muy interesante y, sobre todo, súper dinámico”, cuenta.
Casi cinco años después, cuando decidió dejar ese cargo, partió a trabajar en otro de los temas que le preocupaba: la conservación ambiental, con el desarrollo de un parque en la zona del complejo volcánico Mocho-Choshuenco, en la Región de Los Ríos. “Lo que recuerdo con más cariño de ese tiempo es el contacto con las comunidades, pero desde una óptica distinta, desde la conexión con la conservación, con el encontrar maneras de organizar a personas, familias, empresas y comunidades para cuidar en serio los ecosistemas en que habitan, y ahí existen oportunidades gigantescas”, afirma, aunque reconoce que todavía falta más articulación en este ámbito.
Tras cerca de dos años de trabajo, el proyecto terminó, y Birrell se dio cuenta de que extrañaba el mundo de Desafío. “Me di cuenta de que mi vocación y mi llamado está en Desafío y creo que desde aquí puedo ‘hacer más daño’, impactar más”, dice. Así que volvió, esta vez como presidente, y desde ese lugar está a cargo de diseñar y ejecutar la estrategia de la fundación, “sobre todo en la visión país y la incidencia que queremos tener en la sociedad, en la generación de nuevas alianzas y nuevas conexiones”.
“Desafío ha sido una especie de florecer personal, me ha dado la oportunidad de equivocarme y probarme mucho, de probar distintas aptitudes que tenía a nivel personal y profesional, y me ha ido sorprendiendo con los años, porque hemos tenido la suerte de que nos ha ido muy bien, hemos podido armar un equipo, alianzas muy importantes, hemos podido conectar muy fuertemente con comunidades, entonces hemos formado una red a lo largo de todo Chile, y también fuera de Chile, de colaboración y de gestión”, analiza, y agrega: “A mí me inspira y me moviliza el saber a ciencia cierta que desde la sociedad civil se pueden articular distintas soluciones para impactar de manera muy profunda la vida de las personas”.

Adicción social
“Fui descubriendo mi vocación social. Tenía pequeños indicios y me había metido en cosas muy pequeñas, muy menores, pero la vocación social y, sobre todo, el convencimiento de que desde la sociedad civil podemos hacer una diferencia importante la descubrí en Desafío, la fui descubriendo de a poco y se instaló para siempre. Es un bichito que, cuando te pica, no desaparece y que es adictivo”, remarca.
En ese camino, cree que ha sido clave ver cómo la articulación con distintos actores para ayudar e impactar en una comunidad realmente resulta, “ver que hay personas que estaban en la más completa indefensión, que habían perdido todo, y que junto a Desafío y un grupo de comunidades y empresas puedes ayudar en esto, es algo que es muy difícil dejar. Es una adicción social”.
Aunque no llegó a conocerlo, Nicolás Birrell cuenta que la figura de Felipe Cubillos ha sido clave: “Su legado es de una potencia asombrosa, porque es muy movilizante y mucha gente puede construir sobre él, porque al final su mensaje es que desde tus talentos, sin importar cuáles sean, tú puedes contribuir. Eso se aglutina en la sociedad civil, y el poder resolutivo de la sociedad civil en las problemáticas sociales es gigantesco”. También cuenta que lo ha inspirado Cristián Goldberg, el histórico presidente del directorio de la fundación y amigo de Cubillos, por su capacidad de hacer crecer la visión con la que la entidad comenzó.
“Somos cientos de personas las que estamos construyendo sobre el legado, la visión y las acciones de estos dos grandes hombres, y ahora la tarea es contagiar a los que vienen detrás de nosotros, a los más jóvenes, que vienen con una fuerza y un espíritu increíbles”, remarca.
La utopía de la perfección
“Nosotros somos expertos en ponernos metas imposibles, nos vamos cada vez empujando más, entonces al final la satisfacción del trabajo realizado, de los objetivos logrados que costaron tanto, es lo que nos hace levantarnos con motivación todos los días en la mañana y salir a buscar soluciones para la gente que lo necesita”, cuenta el presidente de Desafío.
Sin embargo, Birrell explica que los errores son parte de esos logros: “He cometido muchísimos. Yo diría que el máximo error es llegar creyendo que uno tiene una solución y pecar de soberbio, sin tomar en cuenta lo suficiente a las comunidades. Eso me llevó a darme cuenta de que las soluciones tienen que venir siempre desde las bases, que son las comunidades las que tienen que plantear junto a ti el cómo salir adelante”.
A su juicio, en los temas sociales la perfección es una utopía. Y es que, aunque siempre estén atentos a los detalles de las casas, de los operativos que realizan y de todos los proyectos, su conclusión es que no es necesario alcanzar la perfección, sino buscarla. “Viviríamos frustrados si estuviésemos buscando la perfección en los temas sociales porque son muchos los problemas que hay que resolver. Sin embargo, somos unos convencidos de que la riqueza de todo lo que hacemos está en el proceso, en tratar de ir perfeccionando todos los mecanismos, los planes y los programas”, recalca. “La gracia está en el camino, no en el destino. La enseñanza no está en el destino, sino en el camino que uno recorre para llegar a eso”.
A nivel personal, sin embargo, su visión es distinta: la perfección está en alcanzar un sentimiento de paz y tranquilidad. “Un amigo me decía que el éxito es cuando llegas a tu casa y tus hijos corren a abrazarte. Yo tengo cuatro hijos y hay muchos aspectos en mi vida que tengo que trabajar y resolver, y que están más enredados, pero la relación con mis hijos es lo que más me nutre y donde más tranquilo me siento. Entonces, para mí la perfección es querer y ser querido por mis hijos y tener una relación profunda, sincera, coherente y de crecimiento con ellos. Ahí yo veo la perfección, en alcanzar esa paz junto a mi familia”.
Hacia el futuro, se proyecta ejecutando distintas soluciones sociales a problemáticas públicas en distintos ámbitos: en el agua, en la vivienda, en la salud, en la educación, en la inclusión social. “No tengo idea de qué me depara el destino, porque cada vez que he hecho un plan viene la vida y me manda para otro lado, pero lo que sí sé es que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para seguir articulando con distintos actores y tratando de conformar equipos consistentes, coherentes y consecuentes para llevar este mensaje que tenemos como fundación, que es que se deben hacer las cosas mejor y que la inequidad aberrante que hay en este país sí se puede atacar y se puede solucionar si es que actuamos de manera articulada”.
“Algo que he ido descubriendo durante el trabajo que he hecho en Desafío es que tenemos una responsabilidad muy grande con Chile y que está bien el hacer análisis, críticas y diagnósticos, pero eso no sirve de absolutamente nada si uno no pasa a la acción”, concluye.
